Durante los primeros años de la llegada
de la lepra a América de la mano de los
conquistadores europeos, los relatos de
casos de esta enfermedad parecieran
sugerir que su “distribución” y “magnitud”
fueron desiguales de un lugar a otro. Sin
embargo, esta disparidad amerita una
interpretación cuidadosa. Por habérsele
atribuido a la lepra una carga simbólica
importante (expresión y materialización
del “mal”), la enfermedad pudo ser
utilizada para mantener bajo control a
ciertos colectivos sociales. Por ello, resulta
difícil confiar completamente en los datos
reportados por la documentación histórica
oficial.
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